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Rata de laboratorio: Fábrica de proteínas

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Un guiño a cuatro juegos del ZX Spectrum. Millionaire (John Hunt, Incentive Software, 1984) te ponía a escribir y vender juegos desde tu cuarto con 500 libras: repartías 20 puntos entre programación, presentación, ideas originales e interés para el jugador, mirabas las ventas cada mes, y Honest Harry ofrecía negocios que podían ser gangas o líos. Cookie (Ultimate Play the Game, 1983) tenía a Charlie, el cocinero, mandando ingredientes fugitivos a un cuenco mientras un monstruo de la basura echaba porquería dentro. Aquí empiezas el doctorado: los 20 puntos van a las etapas de poyata en las que te gustaría tener ayuda, el mes acaba con un informe, tu rincón de una poyata compartida acaba siendo el mejor sitio del laboratorio, y los vendedores (Toño de las Puntas y compañía) son primos de Honest Harry. El medio de cultivo es el cuenco. Y como en Silent Service (Sid Meier, MicroProse, 1985), el juego de submarinos detrás de Beamline Commander, te mueves entre las salas del laboratorio (poyata, despacho, catálogo, biblioteca, cocina) como un capitán entre los puestos de un submarino. La jefatura de grupo añade Football Manager (Kevin Toms, Addictive Games, 1982): una plantilla con valoraciones y energía, cambios al final de cada temporada, fichajes y cuentas que cuadrar. Aquí la plantilla es tu laboratorio, y no se vende ni se despide a nadie.

Termina el doctorado (cristales entregados, en cualquier nivel) y se abre el postdoc: un laboratorio mejor equipado en una universidad mejor (un instituto puntero, después de un doctorado brillante), un contrato de tres años y una proteína de membrana. Acaba con una entrevista para una plaza de profesorado: con cristales y un artículo tuyo llegas ante el tribunal (en Medio, después de dos proteínas de postdoc; en Difícil, de tres), y las respuestas correctas te dan la plaza. Cada etapa terminada queda en tu historial; otro doctorado, o el postdoc, empieza con los trucos que aprendiste y los libros que leíste, nunca con el material. Termina un postdoc y se abre la jefatura de grupo: cinco años con tu propio laboratorio en un instituto de nombre sospechosamente familiar, un paquete de arranque que depende de cómo fue el postdoc (quizá dirigiendo el departamento), y un equipo que montar. Cada persona tiene nueve puntos fuertes (creatividad, ideas nuevas, mano en la poyata, análisis, escritura, resolución, docencia, trabajo en equipo, comunicación), cada uno con su propio techo (nadie se convierte en superhéroe), y además energía, bienestar, concentración y un vínculo con el laboratorio. Contratas con anuncios o fichas estrellas emergentes de laboratorios rivales, pones a la gente en los proyectos que encajan con sus puntos fuertes, tienes charlas a solas con regularidad (sin ellas, la gente se descentra; con ellas, se queda, aunque un rival ofrezca más), emparejas a doctorandos con mentores de carácter compatible, haces promesas que más te vale cumplir, negocias sueldos al renovar, lees el informe mensual de la gerencia del laboratorio, mandas a la gente a cursos y aplaudes cuando se van a puestos mejores. Rico Mbinante vende redactores de solicitudes «garantizados» y contratos de mantenimiento baratos, y Pepe Tapagujeros manda doctorandos y postdocs a precio de saldo, sin verlos antes. Las ayudas pagan los sueldos, las charlas invitadas se convierten en conferencias de apertura, y vienen a buscarte institutos más imponentes. Cada año la junta del instituto fija objetivos (artículos, ayudas, entregas a las líneas de luz, un equipo a gusto), y al final de los cinco años un comité de evaluación los revisa: una nota suficiente (y un artículo) te deja seguir con el laboratorio; si se cumplen pocos objetivos, o pasas tres meses hasta el cuello de deudas, cierra. Las ideas de proyectos vienen de tu equipo, de la gente que conoces, de antiguos miembros del laboratorio y de las máquinas nuevas, y algunas llegan con un rival que te echa una carrera hasta el artículo. Los proyectos necesitan el material adecuado (sin él, el equipo lo pide prestado, despacio), y un microscopio confocal o una medida de unión puede llevar un artículo a una revista de primera. Cada semana eliges un plan: la poyata con el equipo (un momento práctico tuyo), una semana de escritura, reuniones, o la carta de la semana (un seminario, un tribunal de ayudas, Contabilidad). Una vez en cinco años algo grande sale mal (un recorte, una inundación, una nueva dirección de departamento egoísta, una filtración), y a veces algo grande sale bien. Después de cada charla, en el postdoc o al frente del grupo, llega el turno de preguntas (una fácil, una media y una difícil), y luego la cena del congreso, donde una noche larga en la barra puede enseñarte un secreto, costarte uno o acabar en romance. Tú eliges quién es tu rata de laboratorio: ella, él o neutro (sin palabras con género).

Como en un laboratorio de verdad, un doctorando no lleva las ayudas grandes: ayudas a tu directora de tesis a escribir las suyas (una parte llega a tu proyecto) y a un postdoc con una solicitud de equipamiento (la máquina que traiga también la puedes usar), y de vez en cuando alguien más del doctorado te pide una mano, y eso puede acabar en un artículo con tu nombre. Los laboratorios también son personas: una mala racha, un flechazo en el laboratorio, una discusión por un sitio en la poyata, un error que nadie vio. Hablar con alguien, pedir las cosas con buenos modos y reconocer los errores siempre ayuda, y la biblioteca tiene un libro (un poco tonto) para cada caso.

En el doctorado se llevan pósteres a los congresos (uno bueno puede ganar el premio); en el postdoc se dan charlas cortas, se escriben más artículos, se entra en la asociación de postdocs, y se puede pagar a un técnico un par de meses cuando falta más tiempo que dinero. Las cosas pequeñas se acaban (geles prefabricados, células competentes de las buenas, suplementos de autoinducción), así que vigila la balda. Los niveles más difíciles valen más: la reputación llega más rápido y los puntos finales cuentan más. En el postdoc también puedes probar rejillas de crio-EM y entender por qué una proteína de membrana pequeña es trabajo para los cristales. Los artículos van sumando citas mes a mes (las ventas de Millionaire), una nota de prensa puede conseguir una entrevista en un periódico o en la tele, y las jornadas de puertas abiertas y las actividades sobre profesiones solo cuestan tiempo.

La ciencia

Donde el juego hace un poco de trampa

El código de los juegos tiene licencia MIT, y sus textos y notas científicas, CC BY 4.0. Puedes usarlos para enseñar: por favor, cita «BioGames by David Aragão» y pon un enlace a esta página. Detalles de la licencia (en inglés). La música, melodías al estilo del ZX Spectrum escritas en código con ayuda de IA, también está bajo CC BY 4.0.

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